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Georges Brassens (1921 - 1981) fue un autor y compositor francés de extraordinaria relevancia. Sus canciones han sido traducidas a muchos idiomas, de allí su influencia sobre los autores de canciones argumentales de todas partes. Escénicamente era muy sobrio; se acompañaba sólo con guitarra y apoyo de contrabajo. Compuso muchas canciones de elegante precisión verbal y original temática; el retrato de personajes olvidados, el rescate de la lealtad, y el reflejo de la sociedad con un tinte de sarcástico humor son la clave de su estilo. Aquí publico unas versiones en español de las canciones de Brassens, ¡cantables! cosa que requiere reelaborar los textos más allá de la traducción literal, respetando el argumento, la métrica, el acento de las frases, y usar rimas que evoquen el sonido original. Propongo estas, mis versiones, con su audio y, en algunos casos, el vídeo ilustrativo. Adelante; estais invitados.

La tormenta



L'orage, 1960       VIDEO EN ESPAÑOL


Hablenme de la lluvia, no me hablen ya más
Del azul que de furia me hace rechinar
Los días bellos me violentan
Porque el más grande amor que en la tierra encontré
Se lo debo al mal tiempo, lo debo a Júpiter
Que me mandó aquella  tormenta.

Fue una tarde en Noviembre, cuando sobre el tejar
En que un trueno imponente hizo restallar
Sus luminarias de de artificio
Que saltó de su cama sólo en camisón
Mi vecina angustiada y a mi puerta llamó
Buscando mis buenos oficios.

Estoy sola y temblando, ábrame por piedad
Mi marido se acaba de ir a trabajar
pobre infeliz y mercenario,
Que en lugar de acostarse, con la lluvia se va
a atender su negocio, cual es representar
A una tienda de pararrayos.

Bendiciendo el recuerdo de Franklin le abrí
La tomé entre mis brazos, la protegí
Luego el amor fue el que hizo el resto!
Tú, que de pararrayos sembraste el lugar...
Cómo fue que olvidaste poner uno en tu hogar?
Error no existe más funesto.

Cuando Júpiter se fue a otro lado a tronar
La beldad cuyo miedo supe conjurar,
Ya recobrada la entereza,
A secar al marido volvióse a su hogar
Dándome cita para otro día de huracán,
Cita en la próxima tormenta

Fue así como desde el día aquel consagré
Todo el tiempo del mundo a vigilar el cie- lo
A ver el curso de las nubes las nubes
Los estratus pasar y con ansia esperar
De los cúmulus nimbus la mínima señal
Pero a mi puerta ella no acude...

Su marido feliz esa noche logró
Una venta de tantos pararrayos que hoy
Se ha vuelto rico y opulento
Y bajo diáfano cielos a vivir la llevó
A un imbécil país donde jamás llovió
Ni saben nada de los tuenos

Quiera Dios que mi canto la pueda alcanzar
Para hablarle del día qe la tempestad
Nos  unió tanto y le confiese
Que aquel golpe del rayo asesino dejó
Dibujada en el centro de mi fiel corazón
Una flor que se le parece.